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La historia de las familias que fueron víctimas del intercambio de cadáveres en el Hospital Muñiz

Sandra Ávalos, de 41 años, fue velada y enterrada como si fuese Juana Aranda, de 53. La exhumación tardaría 20 días.

La historia de las familias que fueron víctimas del intercambio de cadáveres en el Hospital Muñiz

No fallecieron el mismo día. Una recién llegaba a los 40 y la otra había pasado los 50. No eran del mismo barrio. No se llamaban igual. Ni siquiera murieron por la misma causa. Pero Sandra Ávalos fue velada a cajón cerrado el domingo por familiares que la lloraban como si fuese Juana Aranda. Y fue enterrada en Monte Grande, a 30 kilómetros de su casa en Ciudad Evita. El cuerpo de Juana sigue en la morgue del Hospital Muñiz. Ahí se produjo el intercambio de cadáveres.


Por muy poco, Juana no fue llorada como si fuese Sandra. El "error administrativo" derivó en la renuncia de Mabel Nogueras, la directora de ese centro de salud. Pero aún no se sabe quién cargó un cuerpo en vez de cargar otro. Por el momento, se despidió a cuatro empleados más.


"Ella falleció el sábado a la madrugada. Me llamó la doctora para ir a reconocer el cuerpo. Fui con mi mamá, estuvimos 35 minutos. Luego nos mandaron a hacer los papeles por si la íbamos a velar ese mismo día. Lo hicimos. Después nos pidieron hacer el trámite en el cementerio de Chacarita. Todo muy bien atendidas. Pero la otra familia enterró a mi hermana y en el hospital estaban por hacernos enterrar ese otro cuerpo", le dice Mónica Ávalos a Clarín.


Ella y su madre vieron el cadáver de Sandra, la mujer de 41 años que el 5 de julio murió de neumonía en el Muñiz. "No me lo contaron", insiste. Aún estaba en la sala de terapia intensiva, no en la morgue.


El intercambio de ese cuerpo con el de Juana, de 53 años, que vivía en El Jagüel, se produjo en las horas posteriores a ese primer reconocimiento. Mónica y su madre se fueron hasta el cementerio para definir la parcela o nicho donde iban a depositar los restos, pero no llegaron a tiempo. "Cerraba a las 10 y nosotras llegamos a las 12. Por eso un chico nos dijo que teníamos que volver al otro día (domingo)", detalla Mónica.


Ese hombre le dio un consejo: "No te acerques vos, si ya tenés la cochería, que ellos hagan todo el trámite". Le hicieron caso. La casa funeraria hizo los papeles el domingo a la mañana. Karina Ávalos, la otra hermana de Sandra, se iba encargar de hacer el segundo reconocimiento del cadáver y trasladar los restos a la casa velatoria.


"Cuando Karina llegó con el cochero, le dijeron que tenía que esperar porque había 20 cuerpos que no estaban rotulados (sin haber sido reconocidos)", cuenta. La mujer se quejó y explicó que el día anterior su hermana y su madre ya habían dicho que quien yacía sin vida en esa camilla de terapia era Sandra.


Le respondieron que tenía que esperar hasta que bajar el médico de guardia. Ante la demora, el cochero entró al hospital y le preguntó a Karina por qué aún no estaba el cuerpo. Ella, presionada por la premura de la cochería -que tenía al vehículo esperando afuera-, exigió estar de inmediato frente al cadáver.


"Entonces fue que le mostraron un cadáver. Y no era el de nuestra hermana. Era el de Juana Aranda (el otro cadáver intercambiado). Le tuvo que explicar al cochero que el hospital se había mandado una 'macana' y le entregó el cuerpo a otra familia. Es una película de terror", dice.


Sandra había sido diagnosticada con asma a los 16 años. Luego su historia clínica empeoraría, siempre por problemas en las vías respiratorias. A los 30 ya era oxígeno-dependiente. No podía trabajar y recibía la pensión con la que mantenía, sola, a su hija de 16 años. Vivían con Karina y sus hijos. La familia cuenta que Sandra estaba a "unos pocas firmas en papeles" de entrar a la lista del Incucai para un trasplante de pulmón. Pero fue internada el martes y murió de neumonía a las 4.30 de la madrugada de comenzado el sábado.


Las hermanas de Sandra no comprenden cómo la otra familia "reconoció" a un familiar que en realidad no era. Para hacerlo, creen, tendrían que haber pasado por el mismo proceso que ellas.


A punto de cumplirse una semana de la muerte de Sandra, aún no tienen esa respuesta. Tampoco el cuerpo. "Nos dijeron que la exhumación del cadáver puede ser ahora o en 20 días. Que esto no es urgente para el juez", dice Daniela, su prima. Esta jueves, a las 9, se presentaron junto a una abogada para pedir la exhumación de su cadáver en la fiscalía Nacional 57 en lo Criminal y Correccional, donde recayó la denuncia policial realizada por el ministerio de Salud porteño.


La versión de la otra familia


Para los Aranda el intercambio de cadáveres se dio en, exactos, "10 minutos". Es el tiempo que pasó entre que reconocieron el cuerpo, el sábado, y cuando Silvina Veliz, hija de Juana, salió de la morgue para subirse al auto a esperar que los empleados del Muñiz subieran el cajón al vehículo fúnebre. En el velatorio de Juana -que se hizo con el cuerpo de Sandra- nunca se abrió el cajón.


Juana, ama de casa y fanática de River, tenía metástasis. Estuvo internada en el Muñiz desde el martes. El miércoles, Claudia, su sobrina, la visitó en la cama N°14 y la ayudó a comer. "Juana estaba bien. Pero murió el jueves (4 de julio). Y después pasó todo esto. Hace una semana que sus restos están en el Muñiz. Sus hijos y yo la velamos y no era. Lloré a mi tía, la despedí y ahí no estaba ella", dice a Clarín.


El velatorio abrió las puertas para los familiares el sábado a las 20.10. A las 6 de la mañana el cuerpo de Sandra -que todos creían que era Juana- fue llevado al cementerio de Monte Grande.


El cochero que había sido contratado por los Aranda fue quien el domingo le avisó a esa familia que se había producido el intercambio de cadáveres. Al cierre de esta nota, ninguna de las dos mujeres estaban donde debían estar. 

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