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Miguel Angel Pichetto cordobés, las entregas de Sergio Massa y la trama celestes-verdes

El candidato a vice de Macri se verá con el gobernador Schiaretti. El cierre dejó heridos muy cerca del líder del Frente Renovador. El aborto, eje de campaña.

Miguel Angel Pichetto cordobés, las entregas de Sergio Massa y la trama celestes-verdes

Crueldades a la hora del cierre: empezó el ajuste de cuentas

 

Los primeros efectos de la dureza del cierre de las candidaturas, que la Justicia recibirá recién este martes -porque hasta ahora se entregaron en los partidos-, lo revelan gestos que hay que retener. Miguel Pichetto y Rogelio Frigerio suspendieron la visita de este domingo a Cipolletti, para acompañar al candidato del PRO a reelegir en el único municipio que tiene ese partido en Río Negro. Era el debut de una dupla que parece herida por la tensión de las relaciones entre los socios de Juntos por el Cambio. Iba a haber listas de consenso en todos lados, pero habrá PASO en 13 provincias a diputados nacionales, y en tres, a senadores. Todas por no haber arreglado con los socios de la UCR que, por primera vez en la historia, no figuran como partido en elecciones presidenciales.

 

En 2015 estuvieron en las PASO con Ernesto Sanz y, si se quiere, con Elisa Carrió. En la oposición, la tensión también hirió a los socios del Frente por Todos, en donde los sectores del cristinismo extremo dominaron a los aliados, al lograr posiciones "entrables" en las listas. El emblema de la maniobra es el desplazamiento como candidato a senador por Neuquén de Marcelo Fuentes, que acompañó a los Kirchner desde que estudiaban en La Plata, y cuya banca termina este año. No reelige y va en su lugar Oscar Parrilli, camarlengo principal del Instituto Patria. La lealtad sigue siendo un recurso escaso en el peronismo, aunque renovable: es ley.

 

 

 

Pichetto, con Schiaretti en Córdoba

 

El cambio de agenda de Pichetto lo lleva este lunes a Córdoba, que le ofrece al oficialismo un escenario único y con más brillo que la visita patagónica que se suspendió. Por la mañana lo recibirá Juan Schiaretti, el peronista de más poder de la Argentina, que manda la lista más corta de todas, dejando liberado el voto que puede controlar, a que vote al presidente que quiere. Ocurre en el distrito que lo hizo presidente a Macri. A mediodía, Pichetto es el key-speaker en el almuerzo de la Bolsa de Comercio local, adonde tiene comprometida la presencia Mario Negri, candidato a primer diputado, y la senadora del PRO Laura Rodríguez Machado. El martes la dupla Pichetto-Frigerio hace trío con Negri en una reunión cerrada en el Club Político Argentino, una asociación de referentes independientes, por donde pasan oradores de todos los colores. Harán un ejercicio de autoayuda: cómo hacer una coalición con lo que tenemos en casa.

 

Frigerio se llamó a silencio después de conocer el final que tuvo el cierre en la provincia de Buenos Aires, adonde el ala dialoguista de la cual es el máximo representante, fue castigada, por la decisión de la mesa chica de Olivos. Solidario, peregrinó hasta la casa de campo de Emilio Monzó y lo acompañó en el asado-consuelo que compartieron con, entre otros, Sebastián García de Luca y Nicolás Massot. Ahí se enteraron de que la guadaña había fumigado -oportuna hipálage- al sector Monzó. Entregaba 9 bancas en Provincia y Nación y le pagaron con una y media, incluyendo la banca para García De Luca. Ahí decidieron desbaratar el viaje rionegrino.

 

 

 

Construyen de apuro el nuevo oficialismo

 

Pichetto arma su agenda minuto a minuto. Logró postergar la reunión de lo que fue el bloque federal del Senado, que se divide por su migración hacia el nuevo oficialismo. Prudente, espera, para intentar llevarse alguno más al nuevo oficialismo. Pichetto ya se quedó con el correntino Camau Espíndola y, de los ajenos, con Lucila Crexell Sapag, neuquina que se fue del MPN, y va de candidata a senadora, segunda de "Pechi" Quiroga". Guillermo Pereyra, también neuquino, manifestó el apoyo aunque no ha definido militancias de bloque, porque se mantiene en el oficialismo neuquino. El lunes Pichetto escuchó en lo de Jorge Fontevecchia las lucubraciones estratégicas de Jaime Durán Barba, en particular sobre los efectos de la derrota del socialismo en Santa Fe y el daño que eso le hizo a la formación de Roberto Lavagna. También pasó por la sede del PRO de la calle Balcarce, en donde lo esperaba José Torello, apoderado, para pedirle el DNI y hacerlo firmar la aceptación de la candidatura a vicepresidente, changa que Macri había formalizado ese día.

 

De paso, Torello es el operador del acercamiento de Crexell al nuevo oficialismo. El jueves del feriado, Pichetto se sumergió en otra experiencia surreal, una larga sesión de fotos y video en Olivos junto al resto de los candidatos a los altos cargos del oficialismo, para usar en la campaña. Convivieron en silencio él, Macri, Horacio Rodríguez Larreta, Diego Santilli, María Eugenia Vidal y Daniel Salvador, acosados por indicaciones de maquilladores, peluqueros y sastres que los llevaban de un lado a otros para que simulasen, cual mimos profesionales, figuras mudas, juntos y separados, para conmover en la campaña a la gran masa del pueblo.

 

 

 

Tumultos de zaguán en el Patria por demoras de Massa

 

Las juntas electorales de los partidos se entregaron desde la madrugada del domingo a hacer la zaranda final de nombres y posiciones de los candidatos, antes de llevarlas a la Justicia. Este martes toca llevar los papeles finales, aprobados, a la jueza María Servini, que recibe listados a presidente, y a diputados y senadores nacionales de la Capital. La novedad del Instituto Patria es que Ricardo Mussa le perdonó la vida a los Fernández; no presentó los papeles para competir en las PASO, como amenazaba. Habrá lista única. El sábado toca en La Plata la presentación de las candidaturas a legisladores provinciales. Hubo tumultos en el zaguán, que se suman al filtro que imponen los jefes partidarios a través de las juntas electorales. Es la última oportunidad de ejercer el crudo dedazo, privilegiar a los amigos, voltear a los adversarios.

 

En la oposición la nota la dio Sergio Massa, por quien el Instituto Patria iba a pagar cualquier precio, pero que terminó entregando nada menos que a su mujer, Malena Galmarini, que iba a ser intendente, pero que tiene el consuelo de una diputación provincial, es decir una SUBE para ir todas las semanas a La Plata. No es vida. También entregó la cabeza de nada menos que Diego Bossio, vetado por Cristina con un veneno que no le aplica a casi nadie, y que era su jefe de campaña. Hubo también un minué de cortesías tramposas. Massa había pedido que lo hicieran ir a presentar los papeles firmados con la aceptación de las candidaturas, a la sede del PJ en la calle Matheu. Le ofrecieron que lo hiciera en las oficinas de Alberto Fernández, para amortiguar la humillación. Dijo que no, que le llevaran todo a su oficina de avenida del Libertador, close to Patio Bullrich, su última marca gourmet antes de sumergirse en el peronismo de antes. Retuvo los papeles sin firmar nada hasta última hora, y exasperó a los apoderados que se enteraron de que seguía arbitrando premios y castigos entre su gente, a la que quería asegurarles alguna posición. Terminaron citándolo al Instituto Patria, en donde entregó todo. Ni le respetaron la promesa de la cortesía de que la capitulación fuera en otra sede.

 

En los listados de Juntos por el Cambio quedan facturas a pagar. Puede haber confrontación a diputados nacionales en Santa Fe si le validan una lista a la UCR, que se quedó afuera de los acuerdos con el PRO, para llevar a Federico Angelini. O para elegir alguna plaza con visibilidad nacional, en Mar del Plata, adonde van a unas PASO por la intendencia, la cacique radical Vilma Baragiola y el diputado PRO Guillermo Montenegro.

 

 

 

La jibarización de Moreno y Espert

 

Este cierre deja heridos en todos los frentes, porque se han jugado, como ocurre en este tiempo, posiciones de interés, no de ideas. El negocio venció a la ideología, que quedó afuera del debate en oficialismo y oposición. El cálculo de oportunidad aplastó las disidencias de ideas, que podían recortar la fuerza de los protagonistas centrales. El oficialismo se ocupó de desbaratar la fuga de votos por derecha, que podía significar la postulación de José Luis Espert. No sólo le quitó al aliado del Nacionalismo Constitucional -ojo, esta fuerza está ligada a la declinación del Frente Renovador de Massa-. Antes, el Gobierno precipitó algo más importante: que el renaciente Partido Demócrata Nacional (recuperó la personería en mayo pasado), permaneciese en la alianza Juntos por el Cambio. Un sector amagaba con irse, primero con Alfredo Olmedo, después con Espert. Cobran con candidaturas testimoniales - salvo una diputación provincial en Mendoza - y promesas de cargos. Con esta manganeta, arrinconan la disidencia ideológica por la derecha.

 

En el Patria, la disidencia a cauterizar era la de Guillermo Moreno, furioso por la candidatura del "socialdemócrata" Alberto Fernández como presidente de una formación "peronista". El ex secretario boxeador va como diputado nacional, pero resignó enfrentar a F&F, como amenazaba. Ni Espert ni Moreno iban a decidir el resultado, pero en la pelea electoral de diferencias más que finitas, cualquier pelo hace sombra en la tierra.

 

 

 

Esperable reaparición de la trama celestes-verdes

 

Ante el silencio del sistema en materia de ideas, la sociedad impone la trama celestes-verdes como eje de la campaña. El oficialismo y la oposición tiran hacia el centro, con acierto porque hacer política en Occidente es buscar el voto moderado, que está en el centro. La confrontación se vuelve una inquina de personas, y una lucha en la que discuten lo que son, no lo que hacen. El Gobierno arma el frente con la consigna de que son los republicanos que combaten al populismo del pasado. La oposición pasa la consigna de que hay que bloquear el modelo neoliberal, que como dice la feminista Ofelia, les seca la cosa (el eufemismo es de Juan Grabois, su jefe, para traducir la frase de la joven Fernández en un clímax discursivo el año pasado: "La tibieza de la burguesía a mí me seca la concha"). Vale la anotación por la ola de referencias a las partes húmedas en el discurso de la bandera, sobre la retro libido cristinista por el creador de la enseña patria y su señalamiento a la virginidad de las hadas, como reproche a María Eugenia Vidal. Puro pansexualismo freudiano, algo demodé.

 

La percepción de que las identidades hay que buscarlas en las ideas y las valoraciones sacó a la superficie algo que estaba contenido en el batalla política de 2018: el debate en el Congreso del proyecto de despenalización del aborto. Estos posicionamientos parecían larvados y limitados a sectores recalcitrantes de los celestes y los verdes. Pero han crecido en la sociedad al amparo del silencio del sistema, que simula una pelea por el mismo centro para resolver situaciones personales: sucesiones partidarias, vetos de uno y otro lado, si va el hijo de una o la esposa del otro (Kirchner, Massa, y otros). Ante eso hay un público que se expresa desde preconceptos de conciencia, y que se pregunta primero si este candidato o este partido es celeste o verde, y después si es radical, macrista, peronista o qué. Poco importa si todos los frentes y listados que cierran en estas horas son organizaciones transversales que captan figuras de todos los partidos. Hay peronistas en el ex Cambiemos, hay radicales en el Instituto Patria.

 

El silencio de ideas en el cierre aumenta la presión de esta batalla subterránea entre celestes y verdes, que puede terminar siendo el eje de la campaña en el tramo final. En agosto de 2018 -apenas se conoció el resultado de la votación negativa del Senado-, adelantamos esta percepción, al afirmar que la división entre celestes y verdes hasta daría origen a formaciones políticas. ("Nacen el partido verde y el partido celeste"). Este proceso avanzó, y ya la señal del sexo ha sido superada por otra discusión, porque la sociedad de las mujeres se ha divido en torno al aborto. Para decirlo de otro modo, la dialéctica ya no es hombre-mujer, sino verde-celeste. Este sesgo está en los manuales estratégicos que usa el Gobierno. Jaime Durán Barba en su libro con Santiago Nieto, "Mujer, sexualidad, internet y política. Los nuevos electores latinoamericanos", (México.: FCE, 2006), decía hace años que para un joven era más importante saber qué podía hacer si su novia quedaba embarazada, que la ideología del partido que lo gobernaba.

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